El deporte y yo

domingo, 11 de diciembre de 2011

Psicología, precisión y posición

1) Ganó el estilo. El Barça sobrellevó como pudo la intranquilidad de los pies de Valdés hoy. Se repuso al gol, quiso el balón y triunfó finalmente en una majestuosa forma de ocupar los espacios. Tanto en largo, como en corto. Por dentro, con Iniesta (sobrehumano) y por fuera con Alexis (incisivo y enchufado) y Alves (reflejo del tercer gol).

2) El tapón en la izquierda. Alves colocado como lateral, valga la moda del 'falso' para el lateral también. Defendiendo en línea de cuatro, y atacando con Alves como extremo. Pegado a la cal y generando superioridad en todas las líneas, obligando a Cristiano a bajar en exceso y, sobre todo, exigiendo a Marcelo un rigor defensivo que le impedía al Madrid esa brillante salida que le otorga el brasileño desde su banda.

3) Primera mitad: el Madrid atasca e impide la generación de juego 'culé'. La retaguardia adelantada, con Ramos mandando, se imponía y Lass como una segadora incansable barría aquello que circulaba a su alrededor. El torbellino físico que impuso la efervescencia de Di María contagió al Barça. Imprecisiones, idas y vueltas. Les costó encontrar la pausa, a Xavi a Iniesta. Sin quererlo, el Barça renunciaba a su estilo. Al sello 'guardiolano' y se instauraba el vértigo. Inconvenientes. Eso sí, Alexis, el más voluntarioso, consiguió el balsámico empate y tranquiliza.

4) En la final del primer tiempo, se vislumbraron las posibilidades del Madrid: para descansar, tocamos. A pesar de cierta horizontalidad, hizo correr detrás del balón al Barça y dinamitaban a partir de los tres cuartos de campo, el Madrid se encontraba seguro. Un paso al frente. Xabi se encontraba. El 'quarterback' toca el balón, domina el 'tempo' y edifica un Madrid ordenado para que cerca de Valdés agite y dinamite el juego.

5) Los espacios. Xavi toca, manda, distribuye. La presión del Madrid impide que Piqué y Puyol hagan una salida absolutamente limpia. Cuesta generar aquello del hombre libre. El físico de Lass, Özil y Di María ocupa más de un jugador blaugrana. No dura demasiado el fuelle en la segunda parte. Xavi mata con la ayuda de Marcelo. Palo psicológico. A partir de aquí, no hay color.

6) 2-1. El que más se mostraba. No temía. Iniesta comenzó su exhibición. Escorado en una banda, pausando, cambiando el ritmo. Sabe qué hay que hacer en cada momento. Espectacular en la interpretación del partido. Coentrão, extrañado, en la derecha, sentía que le venía un huracán. De perfil, de cara, de espaldas, Andrés dominó el partido. Omnipresente. Defendió, construyó y dinamitó en punta.

7) La psicología, tan importante en los equipos de Mourinho falló. Cesc se asociaba, Alexis no renunciaba y Messi originaba la atención de dos, tres e, incluso, cuatro jugadores blancos. Lass barría aquello que podía, Xabi, incómodo defendiendo de cara, el Madrid desarbolado.

8) El ejemplo: 1-3. El Barça genera superioridad en la banda. Alves saca un centro con la atención de Ramos y Pepe puesta en dos rematadores. Por detrás, en velocidad y sorprendiendo aparece Cesc, el delantero mentiroso. Se escurre a tocar, abre y mata al Madrid. Sin realizar un partido soberbio, ha sido determinante. El 1-3 obligaba al Madrid a lanzarse, la táctica en el olvido y el Madrid repitió viejos errores. Atacar con 4 (y Khedira), defender con 5 (y Khedira).

9) La precisión. Una (la) virtud. El Barça detalla, toca corto, elabora, fluye. Todo esto a ritmo, a gran ritmo. Hoy, por momentos, con menos pausa. Menos Xavi y Busquets. Más Iniesta (camaleónico), Alexis y Messi.

10) Ramos y Di María. Soberbios. Generosos.

11) Messi. El mejor.

Y 12) La diferencia: Andrés Iniesta. Por suerte (o por desgracia), juega en el Barça. Se salta los listones a sabiendas de su calidad. Amén.

PD1: Cristiano. Noqueado por la situación, sin demasiados espacios para exhibirse. Egoísta. Le cuesta controlar sus emociones.

PD2: Coincido con Rossell: "Hemos dado un baño". Por supuesto, el Barça ha jugado mejor. Nunca ha renunciado a su estilo a pesar de los matices que el Madrid ha exigido hacer, en distintos periodos, a los de Pep. Impuso las tres 'pés' del titular y llevó el partido a su terreno; Coincido con Mourinho: "Han ganado por suerte". Efecto psicológico de los goles. 1-1 y 1-2. El tercero de Cesc ha sido obra de una majestuosa superioridad merced a lo anterior. Distintas visiones. Verdades iguales.


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lunes, 5 de diciembre de 2011

Guerreros, síntomas y haraquiris

La realidad es cruel. Sin duda. Pasa que cuando luchas con guerreros, a veces te cortan la cabeza. No digo más cuando le sirves tu cabeza a la realidad. Serás guillotinado. Así, una vez tras otra.

Hoy, el Málaga se ha empecinado en dar síntomas de debilidad constante en defensa. Desde el primer minuto, hasta el gol de Ifrán que golpeara al Málaga de bruces con la despiadada realidad. Y, ojo, desde el delantero, que es el primero en defender, hasta, los propios zagueros malaguistas. Sería injusto obviar que, durante gran parte del partido, el Málaga maniató los conatos de ataque realistas con posesiones por momentos intrascedentes, pero al fin y al cabo, conseguiéndolo.

Toda la atención merece un punto indiscutible de inflexión en el partido: Pellegrini introduce en el campo a Apoño. Sale del campo Cazorla. Duda se vuelca a la izquierda e Isco cambia de banda. Hasta aquí, una decisión cabal si no fuera por las órdenes intrínsecas al cambio que transmitió Pellegrini con la permuta. El Málaga malentendió el cambalache de jugadores, dio un paso atras, o dos, y cual equipo pequeño concedió a la Real y a Montanier el terreno que necesitaba para lanzar balones, globos hacia el área de Willy. Por cierto, el cancerbero, impecable una vez más. Tergiversó términos: aplicación defensiva y pragmatismo por repliegue más patadón.

El equipo vasco, sin demasiada fe, adquirió confianza y escudriñó como el Málaga achicaba balones de las inmediaciones de su área. Para solventar los problemas y salir a la contra (ironía, si son tan amables), el técnico chileno, con Buonanotte y Juanmi en el banquillo, cambia a Rondón por Van Nistelrooy, hasta entonces en el banquillo. El holandés no ha husmeado el balón en las cercanías del área de Bravo en lo que anduvo en el campo. Y, para aumentar y afilar los dientes y el cuchillo realista, Pellegrini da entrada a Camacho (con Weligton en el banquillo) por Sergio Sánchez que, correcto una vez más, había tenido problemas físicos en un gemelo.

El síntoma: de los 'singulares' cambios, la Real olió sangre, encontró fisuras, vías de agua, boquetes y, tras un balón dividido que, con absoluta pasividad, no barre nadie del área, Carlos Vela se inventa una chilena para empatar el encuentro en el 88'. Lo peor estaba por llegar. En otra jugada con la Real volcada pero, paradógicamente, el Málaga defendiendo con poco y menos y con Demichelis y Camacho paseando por el pasto donostiarra, Ifrán bate hábilmente a Willy que, junto con Isco y quizás Sebas podría ser lo más notorio del Málaga en esta fría y cruel tarde otoñal.

Las caras eran un poema. Poema mezquino que, por cierto, ha escrito con dudoso honor la defensa del Málaga. Sin ánimo de demonizar, dramatizar ni desorbitar el correcto partido del Málaga hoy, los irrebatibles fallos de concentración, atención y esmero han desmerecido cualquiera de las buenas intenciones expuestas por la plantilla.

A pesar del haraquiri malaguista, ya lo dijo un viejo sabio: No importa cuantas veces caigas, lo importante es levantarse una vez más.